Las pequeñas y medianas empresas son hoy el objetivo preferido de los ciberdelincuentes. No porque sean más valiosas que las grandes corporaciones, sino precisamente por lo contrario: sus defensas suelen ser más débiles, sus equipos de TI menos especializados y su presupuesto de seguridad más ajustado. Según el Centro Europeo de Ciberseguridad para PYMES, más del 60% de los incidentes registrados en 2025 afectaron a empresas de menos de 250 empleados. Conocer las amenazas más frecuentes es el primer paso para hacerles frente.
1. Phishing e ingeniería social
El phishing sigue siendo, año tras año, el vector de entrada más utilizado por los atacantes. El motivo es sencillo: resulta mucho más sencillo engañar a una persona que explotar una vulnerabilidad técnica compleja. Un correo electrónico que imita a Hacienda, a un proveedor habitual o al propio banco de la empresa puede llevar a un empleado a introducir sus credenciales en una página fraudulenta o a abrir un archivo infectado.
En 2026, los ataques de phishing han evolucionado hacia el spear phishing: mensajes altamente personalizados que mencionan nombres reales, proyectos en curso o detalles internos de la empresa obtenidos previamente a través de redes sociales o filtraciones de datos. Algunos incluso utilizan inteligencia artificial para generar textos sin errores gramaticales y con un tono completamente natural.
Las medidas más eficaces contra el phishing son:
- Formación periódica del personal para reconocer correos sospechosos.
- Filtros antispam y antiphishing en el servidor de correo.
- Autenticación de doble factor (MFA) para que, aunque roben la contraseña, no puedan acceder.
- Protocolos claros para verificar por teléfono cualquier solicitud de transferencia o cambio de datos bancarios.
2. Ransomware: cuando secuestran tus datos
El ransomware es el tipo de ataque que más daño económico causa a las empresas. El mecanismo es devastador: un software malicioso se infiltra en los sistemas, cifra todos los archivos a los que puede acceder —incluyendo copias en red— y exige un rescate en criptomonedas a cambio de la clave de descifrado. El pago no garantiza la recuperación de los datos, y en muchos casos los atacantes también amenazan con publicarlos si no se paga.
Para una PYME, un ataque de ransomware puede suponer días o semanas de parálisis operativa, pérdida irreversible de información crítica y daños reputacionales de largo alcance. El coste medio de recuperación de un incidente de ransomware para una empresa de menos de 100 empleados supera los 80.000 euros si se suma el tiempo de inactividad, la recuperación de sistemas y las posibles sanciones por pérdida de datos de clientes.
La mejor defensa combina varias capas:
- Copias de seguridad aisladas (fuera de la red principal y verificadas regularmente).
- Antivirus de nueva generación con detección de comportamiento anómalo.
- Segmentación de red para limitar la propagación en caso de infección.
- Política de mínimos privilegios: cada usuario solo accede a lo que necesita.
3. Ataques a la cadena de suministro
Esta amenaza ha crecido exponencialmente en los últimos años y es especialmente peligrosa porque ataca a través de algo en lo que se confía: los proveedores de software o servicios. Si un proveedor con acceso a los sistemas de tu empresa es comprometido, los atacantes pueden aprovechar esa relación de confianza para acceder a tus datos sin necesidad de atacarte directamente a ti.
El caso más conocido a nivel global fue el de SolarWinds en 2020, pero desde entonces los ataques de este tipo se han multiplicado y democratizado: ya no afectan solo a grandes corporaciones. Una PYME que usa un software de gestión, un proveedor de servicios cloud o incluso un partner de contabilidad puede verse afectada si ese eslabón de la cadena falla.
Para reducir el riesgo es fundamental:
- Revisar los permisos y accesos que tienen los proveedores externos a tus sistemas.
- Exigir garantías de seguridad documentadas a los partners tecnológicos.
- Monitorizar el acceso de terceros y revocar credenciales cuando ya no sean necesarias.
- Estar informado de las alertas de seguridad de los productos que utilizas.
4. Contraseñas débiles y reutilizadas
A pesar de llevar décadas siendo señalado como uno de los principales problemas de seguridad, el uso de contraseñas débiles o repetidas sigue siendo alarmantemente común. Según los estudios anuales de filtraciones de datos, contraseñas como "123456", "empresa2024" o el nombre de la empresa seguida de un número figuran sistemáticamente entre las más utilizadas.
El peligro de la reutilización es especialmente grave: si un empleado usa la misma contraseña en un servicio externo que sufre una filtración, los atacantes pueden probar esas mismas credenciales en el correo corporativo, el ERP o la VPN de tu empresa mediante ataques automatizados llamados credential stuffing.
La solución pasa por implantar un gestor de contraseñas corporativo (como Bitwarden Business o 1Password Teams), establecer una política de contraseñas robusta y, sobre todo, activar la autenticación multifactor en todos los servicios críticos. Con MFA activo, una contraseña robada sola no es suficiente para entrar.
5. Vulnerabilidades de software sin actualizar
Cada semana se publican decenas de vulnerabilidades críticas en sistemas operativos, aplicaciones de oficina, navegadores y firmware de dispositivos de red. Cuando el fabricante publica un parche, también está publicando —de forma indirecta— el mapa de la vulnerabilidad: cualquier atacante que analice el parche sabe exactamente qué agujero tapar. A partir de ese momento, los sistemas sin actualizar son un objetivo fácil.
El ransomware WannaCry, que en 2017 afectó a miles de empresas en todo el mundo, explotaba una vulnerabilidad de Windows para la que Microsoft había publicado un parche dos meses antes. Muchas empresas simplemente no lo habían aplicado.
Mantener los sistemas actualizados no significa reiniciar el ordenador cada vez que Windows lo pide: implica gestionar de forma planificada los parches del sistema operativo, las aplicaciones, los antivirus, los routers y firewalls. Un servicio de mantenimiento gestionado permite hacer esto de forma controlada, fuera del horario laboral y con supervisión profesional.
¿Tienes dudas sobre ciberseguridad en tu empresa? En PATH te ayudamos a evaluar la situación e implementar las medidas adecuadas. Contáctanos sin compromiso.